Pez mandarín

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Pez mandarín o gobio mandarín

También conocido como mandarín verde, mandarín rayado, mandarín psicodélico o pez dragón es uno de los peces más habituales en los acuarios así como en las cámaras de los submarinistas. Esto se debe a su indudable belleza que debe a la particular mezcla de colores y formas que lo caracterizan.

Origen de la nomenclatura

Su nombre científico es Synchiropus splendidus que hace referencia a la condición de sus colores brillantes. También podría traducirse como ejemplar magnífico, sin duda un nombre de lo más ideal para este ejemplar.

En cuanto a su nombre común también hace referencia a su aspecto externo. La denominación “mandarín” es porque sus colores recuerdan a las túnicas que suelen portar los líderes imperiales Chinos u Orientales en general.

Hábitat del pez mandarín

Es un pez de agua salada presente en los mares cercanos a Australia y a las de las islas Ryūkyū, en Japón aunque pueden encontrase también en las aguas de países como Malasia, Indonesia, Filipinas, conocidos como el Triángulo de Coral, por la basta presencia de estos hábitats. De esta manera podremos encontrar a este ser en las aguas del océano Pacífico. Su lugar de residencia son los prolíficos arrecifes llegando a encontrarlos a profundidades de 18 metros. Sus corales preferidos son aquellos con forma ramificadas. Suelen ocupar huecos o zonas muertas del coral dado su carácter y otras características.

Características físicas

caracteristicas fisicas del pez mandarin

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Presenta un cuerpo alargado de unos 6 centímetros de longitud. Su coloración habitual es fondo azul con líneas onduladas de color naranja, aunque las podemos encontrar de otras tonalidades, como naranjas, morados y verdes. No solo hay variabilidad con respecto a la coloración, también encontramos algunos ejemplares que tienen patrones como motas o círculos. Algunos ejemplares pueden presentar un color rojo.

Sobre sus aletas, de un tamaño bastante considerable, dispone de dos aletas dorsales y dos aletas ventrales que le ayudarán en sus desplazamientos por el suelo o sustrato. En sus aletas inferiores predomina el color azul con adornos en naranja, mientras que en la superiores el patrón se intercambia siendo el fondo naranja con diseños en azul.

En su ancha cabeza cuentan con unos ojos saltones. Estos ojos les ayudan con la caza en entornos con poca visibilidad. Disponen de una pequeña boca que sobresale hacia afuera y que les ayuda a alimentarse. El número y longitud de sus espinas es algo realmente diferenciador en estos peces. Tienen 4 espinas dorsales, 8 radios blandos dorsales y 8 radios blandos anales.

La diferencia entre géneros es sencilla ya que los machos suelen ser de mayor tamaño y cuentan con una alargada espina dorsal. Dicha espina puede llegar hasta el extremo posterior del pez.

Cuenta con un especial recubrimiento de mucosa en su exterior que lo ayuda a repeler a depredadores mediante la liberación de determinadas sustancias tóxicas. Dicha sustancia libera un olor desagradable que tiene como fin mantener apartados a los que deseen comerles. De hecho, no cuenta con escamas. Se cree que la disposición particular de sus colores se debe principalmente como modo de advertencia para sus depredadores que, al ver esos colores tan estridentes, deben comprender que se encuentran ante una presa presumiblemente venenosa. Esta capa protectora así mismo los guarda de desarrollar determinadas dolencias comunes entre otras especies.

Reproducción del pez mandarín

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La reproducción de estos peces puede sucederse en cualquier momento del año. Poco antes del anochecer, los peces se emparejan. Un grupo de hembras compuesto por un número impar de ellas inician el apareamiento, en un curioso desfile ante los machos. Cuando han elegido compañero, este coloca una aleta en la parte superior de la hembra, alienan sus vientres y, juntos,  las parejas suben hacia la superficie donde se desovarán los huevos y estos serán fecundados. Los huevos se disponen en hilera pero rápidamente se aglutinan en una esfera. Los huevos quedan a la merced de las mareas ya que los padres no se encargarán de su gestación. Tras un período variable entre 18 y 24 horas, eclosionan dando lugar a larvas. En su desarrollo hasta alevin se alimentan de plancton durante dos semanas. Tras este proceso, el pequeño pez se asienta en el arrecife.

El ciclo de vida de este pez en libertad puede alargarse hasta 15 años.

Alimentación del pez mandarín

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Su dieta es básicamente carnívora, consistiendo en la ingesta de pequeños crustáceos, insectos como gusanos y artrópodos como anfípodos e isópodos. Encuentra a sus presas en el coral o en las rocas, por eso es especialista en nadar entre los recovecos de los corales y, aunque no haya gran iluminación, podrá ingerir a los pequeños animales adheridos a las rocas. También puede ingerir determinados microbios como los protozoos y partes de algas, incorporando cierto orden omnívoro a su dieta.

El acuario del pez mandarín

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Los peces mandarín son por lo general de carácter tranquilo y bastante sociables. De esta manera podemos hacerle convivir con nuestras otras especies favoritas en la disposición de nuestro acuario. Sí que debemos tener cuidado a la hora de unir en el mismo espacio a varios machos, aunque no sean de la misma especie, la competición por el territorio acabará con la muerte de uno de ellos. Así, si queremos evitar desastres lo mejor será rodearlo de hembras, sean o no de la misma especie. También deberemos cuidar que las especies acompañantes no sean de alimentación rápida, pues al competir con este pez se llevarán todo el alimento dejando a nuestro protagonista sin la oportunidad de nutrirse.

Hay que saber que es mejor que se introduzcan en un acuario ya maduro en el que dispongan de cantidades de plancton y necton suficientes para su alimentación así como de gusanos. Si no tenemos cuidado estos animales son proclives a fallecer al poco tiempo de ser introducidos en un espacio de cautividad. Si simulamos las condiciones de su hábitat natural, como es la temperatura, el buen uso de las rocas vivas, la presencia de una comunidad con la pueda interactuar, el control del nivel de nitratos a los que son especialmente sensibles pueden llegar a tener una vida de 6 años. Si es necesario puede acostumbrarse poco a poco a alimentación congelada, pero no debemos introducirla de golpe o le resultará difícil de digerir.